Confesiones

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La maldición del chicle

C. “Iba a una entrevista de trabajo y tenía mucha prisa, acababa de comer y no tuve tiempo de ir a casa a lavarme los dientes. Me compré unos chicles para el camino y antes de llegar al lugar de la cita, escupí la goma de mascar en un bote de basura. Quien me entrevistó no dejó de mirar mi pelo. Cuando salí, fui corriendo al baño, y al verme en el espejo, noté que el chicle estaba, por alguna mágica e incomprensible razón, ¡en mi melena!”. —MÓNICA, 22