¿Cómo superar la obsesión de tener un abdomen plano?

Publicado el día 19 de Junio del 2017, Por Itzcóatl Yedra Hernández

Es momento de hablar por qué hemos escogido esta zona como la última tendencia de belleza

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"Tu cuerpo sólo cambia cuando tú haces que lo haga”, dijo la mujer que se encontraba frente a mí y, claro, es difícil discutir con esa afirmación. Miró alrededor, buscando vernos inspiradas; sin embargo, no fue así. Era nuestra abdominal número 50, que fue seguida por tres minutos de posición de tabla. Después tuvimos que hacer la misma formación, pero con pesas. Antes de un muy merecido break tuvimos que fortalecer los oblicuos con la maniobra de llevar el codo a la rodilla opuesta. La entrenadora nos dio las instrucciones para dejar de quejarnos, forzando una sonrisa de amabilidad. 

 

Esta clase se llama Glúteos y abdomen, que tomé justo antes de irme de vacaciones, pero no podía descifrar cuándo comenzaríamos a enfocarnos en nuestros traseros, siempre era una sesión para la barriga. Tal vez solía ser diferente cuando la moda se fijaba en ellos, y tener una pancita un poco ácida no importaba.

 

Me habían alertado de que vivimos en la era del trasero. Hoy día puede verse tan grande como quieras. Es más, hasta puedes ponerte un implante si así lo deseas. Pero esa época existe como la introducción a la actual: la del abdomen, que no ha dejado de estar presente en nuestras vidas cotidianas.

 

¿Qué tan grandes se ven nuestras boobs cuando cuelgan por encima de un six pack perfecto? Hemos vivido en eso por mucho tiempo. Es momento de hablar por qué hemos escogido esta zona como la última tendencia.

 

En cuanto a las distracciones corporales, nuestra obsesión con los abdómenes es nociva. Se cataloga entre la anorexia distópica con la meta de “lograré tener ese thigh gap” o la inofensiva “me gustaría que mi postura fuera mejor”.

 

Una cintura fuerte es esencial y también lo primero en lo que te enfocas cuando estás en terapia física para otras partes. “Todo gira alrededor de las abs, si son lo suficiente fuertes, el resto de tu cuerpo lo será”, el entrenador profesional y terapeuta físico Michael Weis me dijo mientras observaba el tratamiento para una lesión que posiblemente no hubiera sufrido si tuviera un mejor abdomen. “Si tu base es fuerte, puedes hacer cualquier cosa, pero si no, es muy difícil que lo logres. Piensa en tu casa. ¿Construirías una con cimientos de plastilina?”.

 

Es maravilloso cuidarte y cada quién debe hacer de su cuerpo lo que quiera. Entonces, ¿por qué no emocionarnos con nuestros vientres? ¿Por qué no abrir una cuenta en Tumblr enfocada en los six packs, como muchas personas lo han hecho? Porque puede haber una disparidad entre el abdomen fortalecido, del que habla Michael Weis, y el estómago plano de tus sueños. Puesto que ya llevamos esta tendencia al límite.

 

Nos hemos convertido en esas personas que las editoriales quieren, compraremos libros llamados. “La dieta cero para tu estómago”. No fuerte, ni plano, simplemente cero. Llegamos incluso a comprar esos corsets de las Kardashians, por si acaso.

 

Hemos invertido en aparatos carísimos llamados Ab Circle Pro, los cuales nos prometían que en tres minutos conseguirías los resultados de 100 abdominales; aunque fueron demandados en 2012 por hacer tales afirmaciones de su producto. Nos hemos vuelto personas que compran el Ab Roller Plus.

 

Y cuando no da resultados, culpamos a nuestro cuerpo por la falta de voluntad. Estoy aquí para decirte que no eres tú. Nunca has sido tú, así que tranquila.

 

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LA LÍNEA DEL TIEMPO

En lo que concierne a nuestros vientres, algunos expertos afirman que operamos bajo una verdadera imperativa evolutiva. En 1993, una investigadora llamada Devendra Singh, propuso que hay un radio ideal entre la cadera y la cintura del 70%, que no sólo hace a las mujeres atractivas, sino que también es asociado con mayor fertilidad y menor riesgo de diabetes, de enfermedades cardiacas y cáncer.

 

La figura de reloj de arena, Singh sugiere, promueve atracción social. Y, pues, la evolución aún cree que estamos esperando atraer a un macho fuerte y grande (porque la evolución nunca leyó Cosmo) con un vientre plano.

 

Los abdómenes marcados han sido un símbolo de perfección desde la antigua Grecia. En la etapa bizantina eran mostrados en imágenes de Cristo para resaltar el punto que era especial, potente y poderoso. En el sigo XIX en Inglaterra y Estados Unidos, estar en forma se convirtió en el centro del movimiento Muscular Cristiano, después de la Revolución Industrial, y todo ese tiempo sentados ocasionó que nuestros cuerpos se hicieran suaves.

 

En 1924, Frederick Arthur Hornibrook publicó The Culture of the Abdomen: the Cure of Obesity and Constipation. Hornibrook desafió a las panzas in animadas del hombre moderno (bueno, moderno para 1924) y prescribió una serie de ejercicios rítmicos basados en ‘bailes nativos’.

 

A principios de los 90, la instructora fitness Tamilee Webb acaparó el gimnasio y grabó un video llamado Abs of Steel. Éste contenía tres segmentos de 10 minutos, fáciles, y pues cualquiera puede hacer 10 minutos, ¿cierto? Y fue el precursor del contenido web llamado Buns of Steel 3.

 

En la portada aparecía ella, con un bra para ejercicio y un bikini muy alto, típico de los 90, es decir, justo en su ombligo. Su estómago era épico (y lo sigue siendo). En la imagen, no puedes ver su cabeza o sus piernas, pero ése era el punto, de acuerdo con Webb, y probablemente también por qué el material fue tan famoso. 

 

Venció al popular Buns, y T. Webb protagonizó la secuela Arms & Abs of Steel y otras 19 grabaciones. Webb no estaba preparada para tales ventas. Pero al hablar con ella en una de sus clases, que aún da en un club tness de California, cree saber por qué. “Tu abdomen es el protagonista”, afirma ella. “Está al frente, así que si me acerco a ti, y tu cuerpo estuviera desnudo o con un bikini, ¿qué sería lo que más te atraería? Es el punto central de la figura, ahí la importancia”.

 

Aun así, muchas teníamos Abs of Steel pero no lo usábamos, ya que siempre se quedaba sobre las repisas de la habitación. Las chicas en los años 90, al menos las que conocí, hacían principalmente aerobics. 

 

Tonificar el abdomen no era algo tan significativo hasta que explotó un día cuando una joven estrella del pop reveló que se mantenía en forma haciendo 1,000 abdominales al día.

 

¿Quién fue? Pues Britney, bitch. Brit apareció, luciendo un sexy uniforme de estudiante con un abdomen que necesitaba ser expuesto, pues todos tenían que conocerlo. Las abs de Spears se convirtieron en toda una aspiración. Y les puedo afirmar que hay personas quienes identifican la época de la carrera de Britney dependiendo de la apariencia de su cintura. Pueden diferenciar su panza de la era de Oops!... I did It Again hasta la sexy I’m a Salve 4U.

 

Y así es como hemos llegado hasta ahora, al punto donde un abdomen fuerte es el icono de belleza y trabajo duro. Somos mujeres, y una vez que nos proponemos metas, las logramos, contando cada lata hasta juntar nuestro six pack.

 

El año pasado, una modelo llegó a los encabezados por descubrir una manera de tener cuadritos estando embarazada.

 

La antropóloga biológica Helen Fisher, me dijo, “con las mujeres entrando en el área laboral alrededor del mundo, parecemos querer una independencia real. Y parte de eso es estar en verdad saludable y cuidar de ti misma”. Y así regresamos a la era bizantina, donde ansiamos ser percibidas como hombres poderosos. 

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LA REALIDAD

Pero nuestras metas pueden no siempre estar alineadas con las posibilidades biológicas. La mayoría de las mujeres, a menos que estén en el negocio de los abdómenes, no pueden naturalmente alcanzar los vientres planos y fuertes que vemos en Instagram.

 

“Paradójicamente, las áreas donde almacenamos grasa (antebrazos, vientre, pelvis, muslos) son las que queremos mantener delgadas”, dice la instructora de la Univerisdad Markula. “El estómago es la parte más difícil de tonificar y poner en forma”.

 

Espero no sonar amargada, pero soy alguien que siempre ha batallado con su área abdominal. Déjame hablarte de mi estómago. Tal vez es mejor verlo como la carita feliz más grotesca de este mundo, con unas cuantas estrías marcando su nariz. Ahí es donde comienzan mis heridas de la cesárea. Y también existen tres pequeñas huellas de la laparoscopia que me hicieron hace 10 años. Ahí se encuentra su descripción. La he metido, sacado, insultado y adorado.

 

Pero también, es donde mis hijos se recargan para ver sus películas; es la parte que me agarro cuando río mucho. También la amo, ya que es la representación de lo que he vivido. Hay una increíble metáfora en mi abdomen.

 

Es la zona de nuestro cuerpo donde se manifiesta el embarazo, ahí se expresan las emociones, las mariposas, las náuseas. Es un punto que históricamente era asociado con hombres cuando estaba en forma, y con mujeres al encontrarse ácido. Queremos erradicarlo como si nunca hubiera estado ahí.

 

Hablan del corazón, pero tus emociones las sientes en el estómago: el miedo, el amor, la emoción, la tristeza. Hemos identificado el lugar donde tenemos nuestras emociones y tratamos de reducirlo al mínimo.

 

No estoy diciendo que no debas tonificarlo, claro, si es lo que quieres hacer. Sólo insisto que debes saber por qué. Lo que estoy expresando es que no debes hacerlo si no lo deseas.

 

Aproximadamente una semana después de mi clase de Glúteos y abdomen, me fui de viaje con mi esposo, nuestras primeras vacaciones solos en años. Usé mi disfraz/traje de baño negro y de cuerpo completo, ya saben, el que te acomoda todo y lo mantiene en su lugar. Parecía que me estaba disculpando por llevar un look así. Tres chicas estaban ahí para celebrar sus cumpleaños. Sus estómagos se parecían al mío y usaban bikinis, y pensé en cómo estas jóvenes, con sus risas infinitas y rodeadas de sus amigas, sabían cómo disfrutar de la vida. Por cierto, nunca volví a esa clase.

 

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