10 Cosas que deberías decirles a tus padres si aún no has dejado el nido

Publicado el día 16 de Mayo del 2017, Por Itzcóatl Yedra Hernández

¿Eres parte de los 3 millones de adultos que aún viven con sus progenitores? Tal vez quieras leer esta nota...

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Queridos padres:

El 26 de octubre del año pasado fue una doble celebración, no sólo fue mi cumpleaños número 30, sino también era otro aniversario especial: sí, el mismo número de años de vivir juntos.

Me deprime más el hecho que a mi edad ustedes ya se encontraban casados, con casa propia y dos hijos. Saber que sigo en mi antigua habitación es probablemente tan alarmante para ustedes como para mí.

Se supone que me casaría, tendría mi hogar y, con cada evento importante de mi vida, actualizaría mi cuenta de Facebook. Pero resulta que conseguir un novio (o un esposo) es mucho más difícil que ganarse la lotería.

Además, con el cambio de carrera que hice a la mitad de mis 20 significa que soy más feliz, pero más pobre que nunca. Con el precio promedio de las rentas parece que lo único que actualizaré de mi Face será mi puntaje en FarmVille.

Pero no me encuentro sola, 31% de los adultos, entre 18 y 34 años, continúa viviendo con sus papás. Incluso hay un nombre para nosotros: “la generación con alas rotas”, acuñado por nuestra inhabilidad de volar del hogar.

Por eso estoy escribiendo esto: no nada más para ustedes, Jan y Mick, sino para los padres de otros gorriones. Para mantener su salud mental es necesario establecer unas cuantas reglas básicas.

Entiendo la mentalidad del “porque lo digo yo”, pero sin señales de que dejemos el nido en un futuro cercano, es momento de ver nuestra situación como una democracia en vez de una dictadura. Así que aquí va: 

 

LAS REGLAS DE LA CASA

 

1. Cuando sus amigos los visiten, espero eviten usar nuestra situación como tema de conversación: “No sabemos cómo deshacernos de ella”/“Tratamos de correrla, pero regresó de inmediato”, etcétera.

Por favor, no sientan la necesidad de explicarles a sus amigos por qué seguimos viviendo en casa o, al menos, procuren tener esta conversación cuando no estemos.

Perdónennos si no podemos ver el lado gracioso de nuestra crisis, pero vivir con tus padres cuando ya eres un adulto es un tema sensible. Ya es malo que tengas que justificar tu situación cuando conoces a un galán.

Para ser sinceras, puedes pensar en una conversación cuando recién sales con alguien que no involucre las preguntas: ¿dónde vives? y ¿con quién? El hogar es un lugar libre de prejuicios, así que no golpeen nuestro ego por algunas risas con sus amigos. 

 

2. Si llegamos tarde a casa, o ni siquiera lo hacemos, por favor no asuman que estuvimos con un hombre. Por desgracia, las citas actuales involucran principalmente deslizar hacia la izquierda pensando si al final deberías bajar tus estándares aún más.

Cuando nos dan ese guiño y nos preguntan si estamos viendo a alguien especial, es más probable que hayamos pasado la noche en casa de uno de nuestros amigos discutiendo acerca de una película o una serie.

 

3. Por favor, continúen haciendo esa costumbre de escribirnos para preguntarnos si queremos que nos guarden la cena; es de lo mejor.

La verdad, cuando salimos por unos drinks después del trabajo y todos se dirigen a comer platillos de dudosa procedencia, nosotros nos regocijamos con el hecho que hay un plato de espagueti casero esperándonos. A cambio, prometemos no criticar su comida.

 

Ver también: 30 Cosas que debes tener en tu depa antes de cumplir treinta

 

4. Si se encuentran a un amigo y les dice todo acerca de su hija que se acaba de comprometer y que ya compró su primer departamento, ojalá no sientan que deben repetirnos esta información de una manera excitante.

Lo entendemos, les da la esperanza que por fin no habrá tiradero en la casa en un futuro cercano, pero para nosotros es otro recordatorio de nuestra discapacidad.

A cambio, prometemos no mencionar a esa amiga snob que se acaba de mudar a su nuevo departamento, cortesía del banco de mamá y papá. 

 

5. Hablando del banco de mamá y papá... prometemos no abusar de él y juramos pagar nuestra parte proporcional de la renta a tiempo.

Aunque ¿recuerdas ese préstamo que nos dieron antes de la quincena que dijimos que pagaríamos de inmediato? Pues es probable que no lo vuelvan a ver. Perdón. 

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6. Aunque vivimos en casa y estamos disfrutando de nuestra “adolescencia extendida”, por favor no asuman que somos tontos. Sí, sabemos cómo funciona la lavadora, gracias; sin embargo, no queríamos descargarla esta mañana.

Sabemos que estamos en su casa, pero incluso si tuviéramos la nuestra, no tendríamos regímenes tan estrictos.

Para compensar por nuestra rutina de lavado, prometemos hacer nuestros deberes de limpieza... sobre todo cuando estamos perdiendo el tiempo en vez de escribir un artículo de 1,500 palabras acerca de vivir con tus progenitores.

 

7. Please, no se preocupen por nosotros. Sabemos que dijimos que solamente iríamos por un trago después del trabajo, pero eso fue hasta que apareció Kate con shots de tequila y olvidamos que vivimos lejísimos.

Aunque algunas veces no lo demostremos, somos adultos, y en lugar de estar revisando si hay alguien que nos esté escribiendo, estamos respondiendo sus mensajes que dicen: ¿Estás bien? Llámame. 

 

8. Si llegamos del trabajo y nos vamos en seguida a nuestras habitaciones, no nos llamen adolescentes malhumorados. Nuestros años pubertos están en un pasado lejano, y como ustedes, necesitamos nuestro espacio de vez en cuando.

La recámara es nuestro gran santuario y en ocasiones lo único que queremos es sentarnos ahí en completa soledad. Es como cuando papá quiere observar su partido de futbol y lo dejamos tranquilo en la sala.

Estoy segura de que cuando nos mudemos, extrañaremos las miles de preguntas que recibíamos al regresar de la oficina, pero por el momento queremos ser tratados como papá con su partido de futbol. 

 

9. Somos adultos y de vez en cuando habrá relaciones adultas, hasta con un futuro... sí, en serio. Sin embargo, si traemos a alguien a casa, por favor no hagan un alboroto al respecto.

Sabemos que el hogar no es un hotel, pero tampoco es un monasterio. Lo que estamos tratando de decir es que, si invitamos a alguien, actúen de lo más natural, ya que nunca se sabe si ese alguien podrá ser su respuesta para conseguir su libertad (no es muy probable, pero incluso así... who knows!).

 

10. Y por último, por favor no nos corran después de leer esto. Tanto como nos quejemos, en secreto amamos vivir con ustedes.

La renta es costeable, el refrigerador siempre está lleno, la compañía es increíble (sí, aun con nuestras peleas), siempre hay agua caliente, caras amables y que amamos; además preferimos estar con ustedes a tirar nuestro dinero a la basura pagando una renta que seguro será muy cara y compartiendo casa con extraños.

En general, son los mejores arrendatarios, sólo necesitamos un poquito de espacio para esparcir nuestras alas. 

 

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