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The mommy penalty: El precio profesional de ser mamá

Cuando tenia 13 años trabajaba de babysitter cuidando a los hijos de las amigas de mi mamá por un par de horas a la semana. Cobraba exactamente lo mismo que mis hermanos que habían tomado el mismo curso que yo y hacían el mismo trabajo. A partir del 3er semestre de la carrera entré a trabajar como becaria junto con otros compañeros de la universidad, trabajábamos 30 horas a la semana (además de estudiar) y ganaba igual o incluso más que mis compañeros hombres.

Para mi nunca había existido una brecha salarial… hasta que tomé licencia de maternidad por primera vez. En ese entonces trabajaba en una multinacional vendiendo detergentes y champús y por suerte me dieron la facilidad de irme un año, asegurando mi lugar en la compañía a mi regreso. Lo que no anticipé fue lo que me costaría ese año.

Cuando se acercó el momento de regresar a mi vida “Godín” me ofrecieron un puesto igual al que tenía cuando me fui, los compañeros que antes estaban a mi par o que incluso ganaban menos que yo ahora serían mis superiores. Decidí empezar desde cero en una nueva empresa, entré a un programa de crecimiento acelerado para “los futuros líderes” en donde ganaba lo mismo que todos los que entraron junto conmigo.

Mi jefe era un pelón tipazo que me daba toda la flexibilidad del mundo, podía hacer home office, tenía un horario flexible y la facilidad de faltar si mi hija me necesitaba en casa. Al poco tiempo me promovieron a un rol con mayor responsabilidad y que ayudaría a impulsar mi crecimiento dentro de la empresa. La naturaleza de mi nuevo rol era estar en la oficina, lamentablemente no podía trabajar desde mi casa o repartir mis horas laborales a mi gusto como me había acostumbrado con mi jefe pelón.

Como mamá no era la situación ideal, especialmente cuando ya quería tener un segundo bebé. Tomé la decisión junto con mi esposo de salirme de trabajar por un tiempo y dedicarme a nuestra familia. A pesar de querer estar más tiempo con mi hija y de estar ansiosa por tener un segundo hijo, no podía evitar pensar cuánto le costaría este tiempo fuera de la oficina a mi carrera profesional.

Los hombres, las mujeres y las mamás

Me he dedicado a investigar sobre la inequidad de genero que existe hoy en día y como esto afecta la vida laboral de las mujeres. Se habla mucho de la brecha salarial entre hombres y mujeres pero en realidad existen tres grupos; los hombres, las mujeres, y las mamás.

La brecha salarial es casi nula cuando comparamos a recién egresados trabajando en la misma industria, pero al llegar a los 30’s, cuando muchas mujeres deciden ser mamás, la brecha crece a casi el doble (Kleven et al 2018). Mientras que mis amigas sin hijos crecen dentro de sus empresas y quizá no haya tanta brecha entre ellas y sus compañeros masculinos para mi va a ser casi imposible alcanzarlas a ellas y mucho menos a los hombres cuando regrese a ser Godín.

Aunque esta brecha ha disminuido enormemente desde la época de nuestras abuelas y mamás, no podemos negar que sigue existiendo. Antes los factores por los cuales las mujeres ganaban menos que los hombres eran porque no tenían los mismos niveles de estudios. El índice de participación laboral (cantidad de mujeres trabajando) era mucho menor, la mayoría solo trabajaba en empleos “femeninos, pero el factor más importante era que la mayoría de las mujeres se quedaban en casa a ser mamás y eran las cuidadoras principales de la familia y del hogar. Hoy hay igual o más mujeres que hombres estudiando una carrera universitaria y entrando al ámbito laboral. Hay muchas más mujeres ingenieras químicas hoy que cuando lo estudiaba mi bisabuela en los 40s. Lo único que no ha cambiado es que seguimos siendo mamás y las encargadas de cuidar a los hijos y de nuestras casas.

Ana y Javi

Tomemos el ejemplo de Ana y Javi: estudiaron derecho juntos, se graduaron al mismo tiempo y ambos con promedios altos. Se casaron y entraron a trabajar al mismo despacho, en el mismo rol, con el mismo sueldo. Pero cuando Ana y Javi decidieron tener un hijo alguien se tenía que hacer cargo de él, aunque tenían la facilidad de llevarlo a la guardería o contratar a alguien que lo cuidara. ¿Quién iba a faltar al trabajo si se enfermaba? O, ¿quién iba a pedir permiso de salir temprano para ir a la junta de la escuela? Poco a poco Ana empieza a pedir horarios más flexibles, a ser responsable de menos clientes y decide trabajar medio tiempo mientras que Javi sigue el mismo ritmo que siempre y lo promueven. Cuando su hijo cumple 10 años, Javi gana más del doble que Ana. Ella fue la que se tomó licencia de maternidad de 6 meses, la que faltaba para llevarlo al pediatra y que no se perdía un solo festival de la escuela. No solo gana mucho menos que su esposo, pero su potencial de crecimiento dentro del despacho es mucho menor que el de él.

En la sociedad latina crecemos con la idea de que la responsabilidad de cuidar y educar a los hijos recae principalmente en la mujer y la de proveer económicamente para la familia es responsabilidad del hombre, lo cual solo hace más difícil cerrar esa brecha salarial. En países como Islandia han implementado licencias de paternidad obligatorias para todos los padres. Deben de tomarse el mismo tiempo que sus esposas para estar con sus recién nacidos. Esto promueve la idea de que ambos son papás y ambos son proveedores, ambos piden tiempo para dedicarse a sus hijos, cualquiera de los dos puede faltar por temas familiares y la brecha salarial en este país es menor al 5%. Esto implica un crecimiento económico familiar, mejores oportunidades para sus hijos e incluso una mejor relación de pareja. Tenemos que entender que la brecha salarial no es un tema que afecta a las mujeres, sino a las familias.

Cuando nació mi primera hija me dieron un año de licencia mientras que a mi esposo le dieron 5 días (de los cuales se tomó 2 para no quedar mal en la oficina). ¿Quién crees que tiene más potencial de crecimiento laboral?

Lo que he aprendido es que la brecha salarial no es necesariamente por ser mujeres, es por ser mamás. Yo estoy dispuesta a sacrificar horas de sueño, mi cintura, mi crop top favorita o incluso cambiar mi paseo de los sábados a Chucky Cheese por mis hijas, pero lo que no dejaré pasar son mis ambiciones laborales, no por mi, sino por ellas.

No puedo permitir que crezcan en un mundo que las penalice laboralmente por ser mamás o que crean que su trabajo vale menos que el de sus compañeros hombres.

Lo único que va a ayudar a cerrar esta brecha es implementar políticas que apoyen a las familias (como la de licencias de paternidad) y un cambio en la mentalidad que las responsabilidades del hogar son únicamente de la mujer.

Tú qué opinas chica Cosmo, ¿está en nuestras manos llegar a tener equidad de género? ¿Qué harás hoy para lograrlo?

The future is female.

Sofía Flores

Momlennial

Redacción Cosmo

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